lunes, 31 de agosto de 2015

LA ENERGÍA DEL ATP

El Trifosfato de Adenosina o ATP (del inglés Adenosine Triphosphate) es una molécula que cumple varias funciones dentro de las células vivas, pero su función más importante es la de participar en el intercambio de energía y ser la principal fuente de energía que tiene la célula para realizar la mayoría de sus funciones, por lo que también es llamada la “moneda energética”. Un organismo que no cuenta con suficiente cantidad de ATP no será capaz de realizar sus funciones vitales.

El ATP fue aislado por primera vez en 1929 a partir del músculo humano por Cyrus H. Fiske y Yellapragada Subbarao en Estados Unidos e, independientemente, por Karl Lohman en Alemania. Diez años después recién se empezó a reconocer su papel fundamental en la transferencia de energía. En 1941 Fritz Lipmann (Premio Nobel de Medicina o Fisiología, 1953) expresó la hipótesis de la naturaleza cíclica del ATP en los procesos de bioenergética.

La energía de una molécula está contenida en sus enlaces. Para romper un enlace se consume una cantidad determinada de energía (llamada Energía de enlace) y cuando se forma este enlace se desprende la misma cantidad de energía. En los procesos químicos se rompen y forman enlaces. Como cada enlace tiene diferente energía, según los enlaces formados y rotos en una reacción, ésta puede desprender energía (exergónica) si la energía consumida en la ruptura de los enlaces es menor que la desprendida en la formación de los nuevos enlaces. Cuando sucede lo contrario, la reacción consumirá energía (endergónica).


 La capacidad de almacenamiento de energía de la molécula de ATP radica en su naturaleza química. Está formada por la ribosa (un azúcar de cinco carbonos) cuyo carbono # 1 se ha unido a la adenina (una base nitrogenada) y su carbono # 5 está unido tres grupos fosfato, mediante enlaces de anhídrido de ácido, su fórmula molecular es C10H16N5O13P3. Al descomponerse, la molécula de ATP reacciona con una molécula de agua (hidrólisis), rompiendo el último enlace entre los grupos fosfato. Los productos de esta hidrólisis son: una molécula de ácido fosfórico y una molécula que contiene solo dos grupos fosfato, el Adenosín-difosfato o ADP, de menor contenido energético. Este proceso es exergónico, libera 7,7 kcal/mol (unos 31 kJ/mol) y esta energía liberada es aprovechada por la célula para realizar sus funciones como contraer un músculo, trasmitir un impulso nervioso, sintetizar nuevos compuestos como hemoglobina, enzimas, etc. que son requeridas para el funcionamiento y reparación de los distintos tejidos. Por el contrario, la formación de la molécula de ATP consume energía. De esta manera, el ATP puede servir para acumular o guardar energía y liberarla cuando es necesario. El ATP no se almacena por mucho tiempo, es constantemente producido y consumido, en forma cíclica, durante el metabolismo celular.

Mediante la fotosíntesis, las plantas acumulan la energía solar en la síntesis de moléculas de ATP. La energía así guardada es utilizada por la planta para su funcionamiento y en muchas reacciones químicas como la elaboración de sustancias que necesita (glucosa, celulosa, almidón, grasas, proteínas y otras).

Durante la digestión, los diversos compuestos contenidos en los alimentos son degradados en el tracto digestivo y luego son absorbidos, llegando a nuestras células como moléculas mucho más simples que las ingeridas. En nuestras células, se realizan una serie de modificaciones llamadas “metabolismo” que consta de dos procesos: el anabolismo y el catabolismo.


En el anabolismo, las células utilizan compuestos simples (como aminoácidos, monosacáridos, o grasas simples) para elaborar moléculas mayores (polisacáridos, proteínas, ADN, ARN, enzimas, hormonas o lípidos complejos). Este proceso es endergónico y la energía que requiere es proporcionada por la descomposición de moléculas de ATP. En el catabolismo, las grandes moléculas son descompuestas a moléculas más pequeñas y pueden llegar a CO2 y H2O. Este proceso es exergónico, libera la energía de los nutrientes, la que es acumulada sintetizando ATP. Las reacciones endergónicas se llevan a cabo con la energía liberada por las reacciones exergónicas.

BIBLIOGRAFÍA

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.


viernes, 31 de julio de 2015

LA PASTEURIZACIÓN

Desde la antigüedad, el hombre conocía de la calidad nutricional de la leche y sus derivados y de su importancia en la alimentación humana. Sin embargo, durante mucho tiempo su consumo y comercialización eran muy limitados debido a su rápido deterioro y porque podían transmitir enfermedades. Su consumo masivo solo fue posible a finales del siglo XIX, gracias al desarrollo del proceso de pasteurización y de la refrigeración industrial, que permitieron asegurar productos no perjudiciales para la salud y una eficiente conservación y disponibilidad.

En 1863 Louis Pasteur descubrió que la acidificación del vino ocurre por la presencia de microorganismos vivos del aire y observó que muchas bacterias patógenas que pueden encontrarse en la leche no resisten un calentamiento muy alto. Así, el Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch, que produce la tuberculosis, considerado el agente patógeno más resistente al calor (termo-resistente), es destruido a una temperatura de 60 °C durante 10 minutos.

Con estos estudios, se establecieron las condiciones de temperatura y tiempo de calentamiento suficientes para destruir los microorganismos nocivos, sin modificar significativamente las propiedades y composición de la leche. Así se creó el proceso que, en honor a su creador, se conoce como “pasteurización”, que consiste en un calentamiento suave seguido de un enfriamiento brusco, con lo que se eliminan los gérmenes patógenos y se alarga la vida útil del alimento. La pasteurización de la leche destruye las bacterias responsables de enfermedades como la tuberculosis, la difteria, la fiebre tifoidea, la brucelosis y la listeriosis. A diferencia de la “esterilización”, la pasteurización no destruye las esporas de los microorganismos ni tampoco elimina todas las bacterias presentes. Como la leche pasteurizada contiene niveles bajos de bacterias no patógenas que pueden descomponerla, debe ser conservada en refrigeración.

La pasteurización se aplica a la leche, néctares y jugos de frutas y vegetales, cerveza, etc. No todos los alimentos responden de igual forma al tratamiento y la intensidad con que se realiza está determinada por la bacteria más resistente. El aspecto más importante es la acidez del producto, que determina la supervivencia del patógeno. Generalmente la pasteurización se hace a temperaturas menores a 100 °C. Las temperaturas mayores casi siempre afectan de manera irreversible sus características físicas y químicas.

Actualmente el proceso más utilizado para pasteurizar la leche es el llamado HTST o “High Temperature - Short Time” que consiste en calentarla a 72 - 73 °C por 15 - 20 segundos, seguido de un enfriamiento brusco a 5 °C o menos. En el mercado también se ofrecen leches que han sido tratadas a temperaturas superiores como las leches “ultra-pasteurizadas” o UHT y las esterilizadas. En el proceso UHT o “Ultra High Temperature” el calentamiento es a 110 - 115 °C por 4 segundos, mientras que la leche esterilizada ha sido calentada a 140 - 150 °C también por 4 segundos. La leche etiquetada como “pasteurizada” generalmente ha sido tratada con el proceso HTST y, adecuadamente refrigerada, tiene un periodo de caducidad de dos a tres semanas, mientras que la etiquetada como “ultra-pasteurizada” tiene un periodo de caducidad de dos a tres meses.

Tratándose de un tratamiento térmico, son inevitables algunas alteraciones en las características físicas y químicas del alimento, como el color o el aroma En la leche puede haber algunas diferencias en el color y la eliminación del aroma es beneficioso, ya que desaparece el olor a heno. En zumos de frutas puede aparecer un oscurecimiento del color (pardeamiento) e importantes pérdidas del aroma. Las vitaminas contenidas en la leche (principalmente la vitamina A y las del grupo B), pueden sufrir pequeñas pérdidas (menores al 20%), por lo que a veces se realiza una posterior reincorporación de éstas y otras vitaminas.




Uno de los últimos avances en el campo de la conservación de alimentos es el novedoso sistema de pasteurización mediante microondas, con la que se ha logrado una vida útil de los alimentos superior a un mes. También existen estudios con la denominada pasteurización solar, basada en la idea de la cocina solar, con la que se pueden tratar aguas contaminadas.

BIBLIOGRAFÍA

Quimica Nova Vol. 29, N°4, 876-880, 2006.

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.

miércoles, 1 de julio de 2015

EL PODER DE LA SÍNTESIS ORGÁNICA

El término “Química Orgánica” fue introducido en 1807 por Jöns Jacob Berzelius para estudiar los compuestos derivados de recursos naturales. Se creía que los compuestos relacionados con la vida poseían una “fuerza vital” que les hacía distintos a los compuestos inorgánicos.

Los compuestos “sintéticos” son aquellos que han sido transformados por la mano del hombre, haciéndolos distintos a los originales. Se consideraba imposible la preparación en el laboratorio o síntesis de un compuesto orgánico, lo cual se había logrado con compuestos inorgánicos. Sin embargo, en 1828 Friedrich Wöhler realizó la primera síntesis de un compuesto orgánico (urea) a partir de uno inorgánico (cianato de amonio). La síntesis de nuevas moléculas y la invención de nuevas reacciones han sido el principal motor de la química orgánica. Mediante la síntesis se han podido obtener compuestos nuevos, distintos a los naturales o que están en cantidades muy pequeñas en sus fuentes naturales o cuya obtención es muy difícil (medicamentos, plásticos, insecticidas, colorantes, etc.).


La química orgánica ha sido protagonista del impresionante desarrollo de la industria farmacéutica y, desde la introducción de la aspirina a finales del siglo XIX, ha contribuido como ninguna a convertir enfermedades comunes en raras y a controlar la mayor parte de las infecciones con decenas de antibióticos cada vez más potentes y selectivos. En 1956 William Henry Perkin, en su intento por sintetizar la quinina (un medicamento para el tratamiento de la malaria), descubre el colorante malva. Por un lado fue un fracaso, pero dio origen a la poderosa industria de los colorantes. F. August Kekulé y Archibal S. Couper pudieron preparar moléculas mucho más complejas que la modesta urea; así sintetizaron alcaloides (como estricnina), antibióticos (como cefalosporina), hasta moléculas muy complejas como la vitamina B12 o la brevetoxina (potente toxina de origen marino).

En los últimos años, la nanotecnología molecular y supramolecular, punto de encuentro de químicos y físicos, permite abordar problemas químicos desde nuevas y hasta curiosas e interesantes perspectivas. El término “nanoputiense” probablemente fue acuñado por James M. Tour y Stephanie H. Chanteau, en su artículo “Synthesis of Anthropomorphic Molecules: the nanoPutians” (J. Org. Chem. 68(23), 2003), para referirse a moléculas que tienen forma humana e inspirados en el gentilicio de los habitantes de Liliput, el fantástico país de seres diminutos al que llegó Gulliver.

En dicho artículo, los autores explican cómo sintetizaron su “nanoniño” (o “nanoniña”) que es una molécula que efectivamente se parece a un ser humano y que, con diferentes reacciones químicas, lograron cambiar el aspecto de la cabeza del muñeco otorgándole diferentes fisonomías y personalidades como las del atleta, la escolar, la cocinera, el príncipe y otras.


El nombre sistemático del angelito es: 2-(4-{2-[3,5-bis(pent-1-in-1-il)fenil]etinil}-2,5-bis(3,3-dimetilbut-1-in-1-il)fenil)-1,3-dioxolano. Su longitud es de unos 2 nanómetros y sus sintetizadores lo llamaron simplemente “nanokid”. Las representaciones más artísticas de los nanoprofesionales son:



Como observamos, la grandeza de la síntesis química es que se pueden conseguir las moléculas que se desean, utilizando los conocimientos acumulados, durante casi dos siglos, por los químicos orgánicos de todo el mundo, los que permiten predecir cómo reaccionarán las moléculas, cómo se condensan unas con otras, qué posiciones son más reactivas, etc.

BIBLIOGRAFÍA

1.    Revista de la Fundación de las ciencias de la Salud. N° 35-2011. Disponible en: http://www.revistaeidon.es/archivo/el-ano-de-la-quimica/plataforma-de-debate/117851-reflexiones-sobre-la-quimica-organica-

2. http://triplenlace.com/2013/06/23/el-sorprendente-mundo-de-los-nanoputienses-o-el-poder-de-la-sintesis-quimica-organica/

 

Mg.Q.F. LUIS MIGUEL FÉLIX VELIZ <lumifeve@gmail.com>
Facultad de Farmacia y Bioquímica.- Universidad N. Mayor de San Marcos. PERÚ.

sábado, 30 de mayo de 2015

CARL WILHELM SCHEELE

Carl Wilhelm Scheele fue un brillante químico-farmacéutico sueco, muy conocido por sus trabajos farmacéuticos y por el descubrimiento de muchos elementos y compuestos químicos, aunque muchas veces el mérito no se le reconozca a él. Probablemente descubrió o ayudó a descubrir el mayor número y variedad de sustancias que ningún otro químico en igual periodo de tiempo. Fue uno de los mejores químicos del siglo XVIII y contribuyó de manera muy significativa a que Suecia esté a la vanguardia en la química de esa época.

Nació el 09 de diciembre de 1742 en Stralsund, Pomerania, que en esa época pertenecía a Suecia y durante muchos años ha sido provincia de Alemania. Por su ascendencia alemana normalmente escribió en alemán, pero hizo todo su trabajo en sueco y es considerado un químico sueco. Fue el sétimo de once hermanos y el único medio de sostener su numerosa familia era que los hijos trabajaran desde pequeños. Carl Wilhelm hizo de aprendiz de boticario, oficio que en aquellos tiempos podía ser tan bueno como una educación universitaria en química, pues los boticarios generalmente preparaban sus propias medicinas y se interesaban profundamente en ellas.

En su ciudad natal se convirtió en un excelente boticario y realizó una amplia investigación sobre productos químicos tóxicos. Entre 1770 y 1775 trabajó en boticas muy importantes de Estocolmo y Uppsala. Tuvo la oportunidad de obtener un puesto en la universidad, pero prefirió seguir como boticario y dedicarse más a la investigación. Como catedrático hubiera sido uno de tantos, pero como boticario fue el mejor que conoció la humanidad. Posteriormente trabajó en Köping, ciudad donde instaló su propia farmacia y se dedicó por el resto de sus días a la investigación científica.


Fruto de sus estudios son el descubrimiento del oxígeno y el nitrógeno en 1772-1773, lo que describió en su único libro Chemische Abhandlung von der Luft und dem Feuer (“Tratado químico del aire y del fuego”) que, por negligencia del editor, fue publicado recién en 1777. El oxígeno lo descubrió calentando distintos óxidos metálicos (como el de mercurio) que lo liberan con facilidad, trabajo que hizo en forma independiente y con anterioridad al químico inglés Joseph Priestley (a quien se le atribuye este logro) que lo preparó en 1774 usando el mismo método. El descubrimiento del nitrógeno es atribuido a Daniel Rutherford quien lo preparó en 1772 casi simultáneamente con Scheele. Algunas veces se le asigna incorrectamente el haber descubierto el wolframio o tungsteno, pero realmente solo sugirió su existencia en el mineral scheelita (tungstato cálcico, CaWO4) y logró aislar el trióxido de wolframio WO3, pero no el elemento.

Por el año 1774 preparó el cloro, pero no lo reconoció como un elemento, pensó que era un compuesto de oxígeno. Treinta años después Humphry Davy lo reconoció como un elemento y a él generalmente se le atribuye este mérito. También descubrió otros elementos químicos como el bario y el manganeso en 1774 y el molibdeno en 1778. Descubrió muchos compuestos orgánicos e inorgánicos aislándolos de plantas, animales y minerales como: la glicerina, los ácidos fórmico, tartárico, úrico y láctico demostrando que este último es el componente ácido de la leche agria y los ácidos arsénico y molibdénico. Aisló y determinó las propiedades y composición de los ácidos cítrico, málico, oxálico y gálico. Preparó e investigó compuestos muy venenosos como: fluoruro de hidrógeno, cianuro de hidrógeno (también conocido como ácido prúsico), sulfuro de hidrógeno y compuestos del arsénico.


Además, descubrió diferentes grados de oxidación del hierro, un método de obtención de fósforo a partir de los huesos, un proceso similar a la pasteurización y la acción que ejerce la luz sobre las sales de plata. Su nombre también se asocia con uno de los mayores misterios de la astrofísica y astroquímica actuales: la composición de la materia oscura. Sus escritos fueron publicados póstumamente en un volumen titulado Recopilación de artículos de Carl Wilhelm Scheele (1931).

Scheele no tuvo una buena salud, el reumatismo que padecía se agravó por sus largas horas de trabajo. Renunció prácticamente a toda vida social a favor de su única pasión, la ciencia, y cuando decidió casarse ya estaba en el lecho de muerte. Como muchos químicos de su época, trabajaba habitualmente en condiciones muy peligrosas. Además, tuvo el mal hábito de probar los compuestos químicos que descubría lo que, al parecer, fue la causa de su muerte a los cuarenta y tres años de edad. Murió en Köping el 21 de mayo de 1786, sus síntomas finales recuerdan a un envenenamiento con mercurio.

BIBLIOGRAFÍA


Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.



jueves, 30 de abril de 2015

LAS TETRACICLINAS

Las primeras tetraciclinas se aislaron de microorganismos (especialmente Streptomyces) presentes en suelos de diferentes partes del mundo. En 1948 el Dr. Benjamin M. Duggar, profesor de Fisiología Vegetal de la Universidad de Wisconsin, aisló la primera tetraciclina de una muestra de suelo de la vecindad de los cementerios. La llamó “clortetraciclina” o “aureomicina” por su color amarillo y porque fue extraída de Streptomyces aurofaciens. Observó que era muy diferente a los antibióticos conocidos hasta entonces, principalmente por su amplio espectro y su relativamente baja toxicidad. Dos años después se aisló la “oxitetraciclina” o “terramicina” de Streptomyces rimosus y, en 1953, se informó que, por una modificación química (hidrogenólisis), la clortetraciclina se transforma en un nuevo antibiótico, la “tetraciclina”, la que después fue encontrada también en forma natural en Streptomyces viridifaciens. Luego se sintetizaron demetilclortetraciclina o demeclociclina (1957), metaciclina (1961), doxiciclina (1966), minociclina (1972) y otras.

Las tetraciclinas son un grupo de antibióticos de amplio espectro, que actúan contra muchas bacterias grampositivas y gramnegativas. Unas son naturales y otras son semi-sintéticas. Su estructura deriva de un núcleo tetracíclico (de cuatro ciclos, el octahidronaftaleno), de donde deriva el nombre del grupo, diferenciándose por las sustituciones de éste. Se caracterizan por su carácter anfotérico, ya que forman sales con ácidos y con bases; usualmente se utilizan como sales (clorhidratos) por su mayor solubilidad en agua. Además, presentan fluorescencia frente a la luz ultravioleta y tienen la capacidad de formar complejos (quelatos) con metales como calcio, magnesio y aluminio.


Las tetraciclinas se absorben en el tracto gastrointestinal, especialmente a nivel del estómago y del intestino delgado superior, alcanzan su máxima concentración en la sangre entre las tres y seis horas, se distribuyen por todos los tejidos, especialmente en el tejido óseo y dientes (formando un quelato de calcio), penetran al interior de las células y atraviesan la barrera placentaria. La absorción se incrementa en ayunas y disminuye si se ingieren con leche, productos lácteos, huevos, geles de hidróxido de aluminio o magnesio (antiácidos), sales de calcio o hierro y bicarbonato de sodio. Se excretan por la orina, saliva, lágrimas, bilis y leche materna.

A las dosis habituales actúan fundamentalmente como bacteriostáticos (evitan el desarrollo y proliferación de las bacterias), aunque a dosis mayores, generalmente tóxicas, son bactericidas (eliminan las bacterias). Su efecto se debe a que inhiben la síntesis de proteínas en la bacteria, al no permitir la unión del ácido ribonucleico de transferencia (tRNA) al ribosoma ni el transporte de aminoácidos. Para ello, es necesario que atraviesen la membrana exterior de la célula a través de los poros hidrófilos o de la doble capa de fosfolípidos.

Los efectos secundarios comunes que producen las tetraciclinas son: diarrea, reacciones de la piel a la luz solar, fiebre, calambres y otros. Rara vez se produce pérdida de cabello, reacciones alérgicas e irritación del esófago. Si se usan indiscriminadamente, aparecen cepas de bacterias resistentes a ellas. No están indicadas en el embarazo porque pueden afectar la calcificación de los huesos. Su uso prolongado durante el desarrollo dental (segunda mitad del embarazo, lactancia y niños menores de ocho años) puede causar decoloración o manchas amarillas o marrones en los dientes. Por estos efectos adversos y porque actualmente existen antibióticos más efectivos, son consideradas antibióticos de segunda elección. Sin embargo, son utilizadas especialmente en infecciones del tracto urinario, gonorrea, clamidia y acné.
  


Los antibióticos son ampliamente usados en veterinaria, no solo para el tratamiento y prevención de enfermedades infecciosas, sino también como promotoras del crecimiento, especialmente en los lugares de cría intensiva de animales. Los residuos de antibióticos y las bacterias resistentes a ellos, son un problema para el medio ambiente y un riesgo para la salud. El uso de antibióticos en la alimentación animal, hace que gran parte de ellos estén presentes en la orina o el estiércol y van a parar al suelo o a las aguas (subterráneas o superficiales), constituyendo un contaminante ambiental. El impacto que esto produce en el medio ambiente es un tema de estudio actual.

BIBLIOGRAFÍA


Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.

martes, 31 de marzo de 2015

LA OXITOCINA

La oxitocina es una hormona que se produce en el hipotálamo y es liberada al torrente sanguíneo por la glándula pituitaria, viaja a todo el cuerpo activando o modulando una amplia gama de funciones y emociones. Ejerce sus efectos especialmente en las zonas donde están sus receptores. Su efecto principal es el de estimular las contracciones del músculo uterino durante el parto y la secreción de la leche materna. La misma hormona se encuentra sin cambios en todas las especies de mamíferos.

En 1909 el farmacólogo británico Sir Henry H. Dale observó que un extracto de la glándula pituitaria humana contrae el útero de una gata preñada y llamó oxitocina (del giego “oxys” = rápido y “tokos” = nacimiento) al compuesto que produce este efecto. Posteriormente halló que el mismo extracto facilita la liberación de leche materna. En 1911 los médicos empezaron a usar extractos de pituitaria para estimular las contracciones del útero durante el parto.


Muchos años después, el bioquímico norteamericano Vicent du Vigneaud se dedicó a estudiar la oxitocina descubriendo que es un nonapéptido formado por los aminoácidos: cisteína, tirosina, isoleucina, glutamina, asparagina, cisteína, prolina, leucina y glicina, en ese orden o secuencia. Además, que tiene un puente de dos átomos de azufre (disulfuro) entre las cisteínas, que la glicina está como amida y, para confirmarlo, realizó su síntesis. Por sus trabajos se hizo acreedor del Premio Nobel de Química (1955), siendo la primera síntesis de una hormona peptídica. La hormona sintética es utilizada como medicamento y, por su naturaleza peptídica, es degradada en el tracto digestivo, debiendo administrarse por vía intravenosa (por inyección o goteo).


En el momento del parto, los receptores de oxitocina en el útero aumentan hasta unas 300 veces sus niveles normales y a ello se debe su gran respuesta. Muchas veces, las contracciones naturales del útero no son suficientes para producir una dilatación adecuada y se debe recurrir al medicamento para acelerar o inducir el parto. Inmediatamente después del alumbramiento el útero debe continuar con sus contracciones para lograr la separación de la placenta y su expulsión, lo que exige contracciones más enérgicas que el propio nacimiento. Si el útero deja de contraerse se produce la “hemorragia posparto”, por lo que se debe continuar la aplicación de oxitocina. Con menor frecuencia, es aplicada como aerosol nasal a madres que tienen problemas con la secreción de leche en los primeros días de lactancia.  

Durante muchos años, los investigadores consideraban que la oxitocina participaba solo durante el embarazo, por su papel protagónico en el parto y la lactancia. Cuando observaron la existencia de receptores en muchos otros tejidos de hombres y mujeres (cerebro, útero, glándulas mamarias, corazón y órganos reproductores) comenzaron a sospechar de un papel mucho mayor. Además, se ha demostrado que las células del hipotálamo no son las únicas capaces de producirla; los ovarios, testículos, vasos del corazón y vasos sanguíneos producen su propia oxitocina.



También se conoce que la oxitocina es un buen neurotransmisor, tiene la capacidad de estimular la transmisión de información entre las neuronas, por lo que juega un importante papel, en gran parte sin explorar, en el cerebro y en todo el sistema nervioso.

La oxitocina es una hormona relacionada con la conducta sexual, con la felicidad y con la relación “madre-bebé”. Contribuye a modular el estado de ánimo así como a fortalecer las relaciones sociales, el enamoramiento, el sentimiento de confianza, ayuda al relajamiento del cuerpo y alienta la unión familiar. Su liberación en el cerebro reduce la ansiedad y la depresión y aumenta el umbral del dolor. Puede ser liberada por los estímulos sexuales, un abrazo, una caricia, un beso o hasta por una mirada. Por ejemplo, durante el orgasmo los niveles de oxitocina alcanzan su máximo en hombres y mujeres. Por su papel en el cuerpo humano se la conoce también como “la hormona del amor” o la “hormona de la felicidad”.

BIBLIOGRAFÍA

-    The Top Pharmaceuticals That Changed The World Vol. 83, Issue 25 (6/20/05).
-  http://www.infooxitocina.com/

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.

sábado, 28 de febrero de 2015

ÁCIDO FÓLICO Y FOLATOS

El ácido fólico, llamado también “folato” o vitamina B9 o “folacina”, es una vitamina soluble en agua (hidrosoluble), cuyo nombre deriva del latín “folium” que significa “hoja”, porque se encuentra especialmente en vegetales de hojas verdes y es esencial para el funcionamiento de nuestro organismo.

En 1931 la investigadora Lucy Wills observó que la anemia producida durante el embarazo se podía prevenir y revertir con la levadura de cerveza y se identificó el ácido fólico como el responsable de ello. En 1941 fue extraído de las espinacas y en 1946 fue sintetizado por Yellapragada Subbarao.

El ácido fólico participa en la síntesis de purinas y pirimidinas, moléculas necesarias para elaborar el ADN y el ARN con los que nuestro cuerpo fabrica sus células y tejidos nuevos; también es esencial para la formación del grupo hemo (parte de la hemoglobina que contiene hierro). Por ello previene la anemia y es de vital importancia para la salud de la piel, cabello, mucosas, uñas y sistema nervioso. Su deficiencia dificulta la síntesis y división celular, afectando principalmente la médula ósea, un lugar de rápido recambio celular. Esto es de especial importancia durante los períodos de rápida división y crecimiento celular, como la infancia y el embarazo.
 

Durante el embarazo, el ácido fólico evita defectos del sistema nervioso y del tubo neural (como la espina bífida y la anencefalia) y ayuda a prevenir el nacimiento de bebés prematuros, de bajo peso y otros defectos congénitos (como el labio leporino, paladar hendido y ciertos defectos cardíacos). El tubo neural es la parte del embrión de la cual se forman el cerebro y la médula espinal y, como estos defectos se originan durante el primer mes del embarazo (antes que la mujer se entere de ello), se recomienda suministrarla a todas las mujeres en edad fértil. La espina bífida (o espina dorsal abierta) es el cierre inadecuado del tubo neural, ocasionando daños en la espina dorsal y el cerebro, produciendo cierto grado de parálisis en las piernas y problemas de control de la vejiga e intestinos. La anencefalia es una enfermedad fatal en la que el cerebro y el cráneo están muy poco desarrollados.

El ácido fólico también ayuda a convertir la vitamina B12 en una de sus formas coenzimáticas y, cuando está en su forma reducida (ácido tetrahidrofólico o FH4 o TFH) actúa como coenzima interactuando con las vitaminas B12 y C en la utilización de las proteínas.

Entre los alimentos que contienen ácido fólico tenemos: legumbres (garbanzo, lenteja, soya, arvejas, habas), vegetales de hojas verdes (espinaca, acelga, berro, apio, lechuga, espárrago), frutas (melón, palta, plátano), cereales integrales (trigo, maíz, arroz, avena), germen de trigo y levadura de cerveza. La carne no lo contiene en cantidad importante, pero sí se encuentra en el huevo, la leche, el hígado de algunos animales y los peces azules. También se forma en el intestino a partir de nuestra flora intestinal, es absorbido principalmente en el intestino delgado y es distribuido a través de la sangre. Se excreta por la orina y heces.



Por su importancia, muchos alimentos son enriquecidos con ácido fólico, pero existen ciertas situaciones en las que se requiere de un suplemento adicional como mujeres en edad fértil (especialmente antes del embarazo, o en los primeros meses de éste, o en lactancia), personas mayores (a partir de los 65 años disminuye la absorción de vitaminas), los fumadores y alcohólicos (tienen mala absorción de esta vitamina), los que tienen trastornos gastrointestinales (con evacuaciones frecuentes y diarreas) o los que abusan de anticonceptivos orales, antiinflamatorios, sedantes, somníferos, etc.

Más de la mitad del contenido natural de ácido fólico de los alimentos puede perderse o destruirse por una inadecuada manipulación, como cocciones muy prolongadas, con abundante agua, almacenar alimentos a temperatura ambiente o recalentar demasiado las comidas. Son más convenientes los alimentos consumidos crudos o con breve cocción (al vapor) y conservados en refrigeración. No es común que el ácido fólico produzca alergias y es pequeño el riesgo de una intoxicación por un consumo excesivo. Por ser una vitamina hidrosoluble, todo exceso es eliminado.

BIBLIOGRAFÍA

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Quimica. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.