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viernes, 15 de noviembre de 2013

BERNARDO ALBERTO HOUSSAY

De ascendencia francesa, Bernardo Alberto Houssay nació en Buenos Aires el 10 de abril de 1887. Fue un joven prodigio: culminó sus estudios secundarios a los 13 años, ingresó a la Universidad de Buenos Aires graduándose de farmacéutico (1904), de médico (1911) y en 1913 inició su carrera docente en la misma Universidad. En 1919 fundó el Instituto de Fisiología en la Facultad de Medicina, un centro de excelencia mundial en investigación científica, en el que empezó la formación de sus discípulos que serían los primeros profesores universitarios de fisiología de su país.

En 1943 el gobierno constitucional argentino era débil e impopular. Al estallar una revolución militar se formó un nuevo Gobierno, lo que llevó al cierre de varias Facultades y a la parálisis de la enseñanza. Por haber firmado un manifiesto declarando que el país debía volver a la “normalidad constitucional y democracia efectiva”, Houssay (y otros prestigiosos profesores) fue separado de su cátedra, de la dirección del Instituto de Fisiología y de otras comisiones. Sin embargo, rechazó varios ofrecimientos laborales del exterior y resolvió, con sus colaboradores, quedarse en la Universidad para guardar el patrimonio científico y porque consideraban que la situación se revertiría pronto.

En 1944 fundó el Instituto de Biología y Medicina Experimental de Buenos Aires, donde realizó, junto con sus compañeros, más de mil trabajos en endocrinología, nutrición, farmacología y otras áreas de la fisiología. También fue Presidente de la Sociedad Argentina de Biología, de la Academia Nacional de Medicina, de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias que otorgaba becas para realizar estudios (en el país o en el extranjero) y subsidios para la ejecución de investigaciones. Aunque sus fondos nunca fueron suficientes para cumplir con la magnitud de los fines propuestos, son muchísimas las investigaciones que recibieron sus aportes. En 1945, un nuevo gobierno lo reincorporó a la docencia, pero en 1946 fue jubilado de oficio al promulgarse una nueva ley universitaria y, nuevamente, su refugio fue el Instituto de Biología y Medicina Experimental.

Dueño de una sorprendente memoria y capacidad de lectura, solía llevarse por la tarde algún libro recién recibido en el Instituto y, durante la merienda del día siguiente, recomendaba la lectura de algunos temas o párrafos del libro. Entre sus muchas publicaciones, destaca el texto “Fisiología Humana”, escrita en colaboración con otros autores, cuya primera edición fue publicada en 1945 y traducida a varios idiomas. Recibió importantes premios como el de la Universidad de Toronto (Canadá), del Royal College of Physicians (Inglaterra), de la Royal Society of New South Wales (Australia), el Doctorado Honoris causa de la Universidad de Oxford, etc.


Observó que sus pacientes diabéticos (que no producen insulina) tenían una hipófisis (o glándula pituitaria) hiperactiva y dedujo que ésta interviene en regular los niveles de azúcar en la sangre. Experimentando con perros, observó que al extraerles parte de la hipófisis aumentaba la producción de insulina y cuando les inyectaba esta hormona, su producción disminuía.

En 1947 fue galardonado con el Premio Nobel de Fisiología y Medicina (compartido con los esposos Carl Ferdinand Cori y Gerty Theresa Radnitz) por el descubrimiento que el lóbulo anterior de la hipófisis, además de regular el crecimiento, tiene influencia en el metabolismo de los hidratos de carbono. Fue el primer hispanoamericano que ganó un Premio Nobel en ciencias.

En 1955 Houssay y colaboradores volvieron al Instituto de Fisiología porque las nuevas autoridades universitarias restituyeron al personal separado de las cátedras. En 1958 fue designado presidente del nuevo Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) lo que le permitió extender a nivel nacional sus ideas para el adelanto de la Ciencia y la Técnica. Murió en Buenos Aires el 21 de setiembre de 1971 dejando muchísimos discípulos, entre los cuales destaca Luis Federico Leloir, Premio Nobel de Química 1970.

BIBLIOGRAFÍA

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.

lunes, 4 de julio de 2011

LA INSULINA Y LA “ORINA DULCE”

La diabetes es una enfermedad tan antigua que sus primeras referencias aparecen en el Papiro de Ebers. En las literaturas hindú y china se resaltan sus síntomas y la atracción de las hormigas por la “orina dulce” de los enfermos. En esa época ya se distinguían sus 2 formas: una se presenta en jóvenes delgados que no sobreviven por mucho tiempo y la otra en personas mayores y obesas, formas que corresponden a los tipos 1 y 2 de nuestros días.

La primera referencia en la literatura médica occidental se debe a Thomas Willis (1621 – 1675). Casi un siglo después, el médico inglés Mathew Dobson (1725 – 1784) señaló la presencia de azúcar en la sangre y orina de los enfermos. En 1889 Oskar Minskowski y Josef von Mering observaron que al extirparle el páncreas a un perro se producían todos los síntomas de una diabetes severa.

En 1893 se descubrió que el metabolismo de los carbohidratos es controlado por una sustancia que llamaron “insulina” por producirse en los “Islotes de Langerhans” del páncreas y se hicieron grandes esfuerzos por aislarla, obteniéndose extractos de páncreas capaces de reducir los síntomas de la diabetes en perros, aunque ellos producían también graves efectos tóxicos.

La insulina fue descubierta en 1921 por Sir Frederick Grant Banting, luego de los experimentos realizados en la cátedra de John J. MacLeod, profesor de fisiología de la U. de Toronto, con el apoyo de Charles Best, un estudiante de Química que se encargó de aislarla. Así obtuvieron un extracto purificado de páncreas y comprobaron que reducía el nivel de azúcar en perros con diabetes experimental. Por estos trabajos MacLeod y Banting recibieron el Premio Nobel de Medicina, 1923. Banting protestó porque MacLeod fuera premiado en lugar de Best y compartió su parte del Nobel con este último.


En 1922 se inyectó insulina a un niño diabético y los resultados fueron espectaculares. En 1923 se empezó a producir insulina a partir de páncreas de buey y cerdo. Se necesitaban 800 a 1000 kg de páncreas para obtener 100 g. de insulina cristalizada. Como la acción de esta insulina es de corta duración y requería frecuentemente de otra administración a media noche, se desarrollaron insulinas de acción prolongada. La insulina no sólo disminuye la glucosa en sangre, también aumenta su transporte al interior de las células, su conversión a glucógeno y su oxidación. En la actualidad, existen diversos preparados de insulina con diferente velocidad de absorción, lo que permite un mejor tratamiento a los pacientes.

La insulina es una hormona de naturaleza proteica, producida por las células “beta” del páncreas. La dilucidación de su estructura es una proeza realizada en 1954 por Frederick Sanger y colaboradores. Ellos establecieron el orden o secuencia (“estructura primaria”) de sus 51 aminoácidos, utilizando el método químico tradicional para estudiar grandes moléculas: fragmentarlas en trozos pequeños que, después de ser identificados, se unen como las piezas de un rompecabezas. Fue la primera vez que se conoció la estructura primaria de una proteína y, por este logro, Sanger ganó el Premio Nobel de Química, 1958.

Luego se estudió la insulina de varias especies animales, encontrándose que la insulina de los vertebrados consta de 2 cadenas peptídicas (“A” y “B” de 21 y 30 aminoácidos respectivamente) y tres puentes disulfuro (−S−S−). Las insulinas de diferentes especies pueden diferir sólo en algunos aminoácidos. Así, las de humanos, vacunos y corderos difieren en los aminoácidos 8, 9 y 10 de la cadena “A”. Como estas diferencias tienen poco efecto en su actividad biológica, la insulina de una especie presenta actividad en otra especie.



La insulina también fue la primera proteína en ser sintetizada. En los años 1963-1965 grupos de científicos de USA, China y Alemania lograron sintetizarla, pero su aplicación a escala industrial era difícil por su alto costo y complejidad (consta de 170 reacciones). En 1980 se logró transformar insulina de porcino en humana, sustituyendo alanina (aminoácido Nº 30 de la cadena “B”) por treonina. El uso de insulina humana carece de los inconvenientes que producen las de origen animal (molestias renales y afecciones oculares). Actualmente se produce insulina humana mediante técnicas de ingeniería genética, constituyendo uno de los mayores logros médicos del siglo XX.

BIBLIOGRAFÍA
1.      Neckers y Doyle.- Química Orgánica.- Tercera edición. México 1985.
 Q. F. Juan José León Cam <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química.- Universidad Nacional Agraria La Molina