domingo, 15 de septiembre de 2013

EL ÁCIDO LÁCTICO

En 1780 el químico sueco Scheele aisló un ácido al que llamó “láctico” porque fue encontrado en la leche agria. En 1807 Berzelius halló un compuesto muy parecido en un extracto de tejido muscular. Por varios años se pensó que ambos ácidos eran idénticos porque sus propiedades, grupos funcionales y fórmula molecular (C3H6O3) son iguales. En 1815 el físico francés Biot halló que ciertos compuestos naturales (azúcar común, ácidos tartáricos, etc.) poseen la propiedad de modificar o rotar el plano de vibración de la luz polarizada. Con esta propiedad (“actividad óptica”) se demostró que los 2 ácidos no son idénticos: mientras el obtenido del tejido muscular gira el plano de vibración de la luz en el sentido horario, es “dextrógiro” (o ácido (+)láctico), el ácido obtenido de la leche realiza el giro en sentido anti-horario, es “levógiro” (o ácido (-)láctico). A pesar de ser una molécula pequeña, los químicos no hallaban explicación a estas diferencias.

En 1874 dos químicos Jacobus Van’t Hoff (holandés, 22 años) y Joseph Le Bel (francés, 27 años) propusieron, en forma independiente y casi simultánea, una “novedosa” idea: que el átomo de carbono tiene sus 4 enlaces dirigidos hacia los vértices de un tetraedro regular (aún prevalecía la idea del carbono plano). Por la juventud de sus autores, los químicos más prestigiosos no le daban importancia a esta idea y hasta bromeaban en torno a ellas, pero después se dieron cuenta que la “descabellada idea” permitía explicar muchos hechos experimentales que aún no tenían explicación. Muchos años después, Bragg comprobó (mediante análisis por difracción de rayos “X”) que la idea del carbono tetraédrico es la correcta. El primer Premio Nobel de Química (1901) le fue conferido a Van’t Hoff (ver tema 29 de AQV).


Los dos ácidos lácticos son como nuestras manos: guardan entre sí la relación de “objeto vs. imagen en el espejo”. A pesar de tener las mismas partes, éstas se han distribuido de diferente manera y no podemos lograr que coincidan las partes de ambas porque son moléculas distintas (ver tema 35 de AQV).

Durante la transformación de la leche a yogurt (“fermentación”), se produce el desdoblamiento (hidrólisis) de la lactosa (disacárido de la leche) a glucosa y galactosa (monosacáridos). La glucosa es degradada produciendo ácido láctico, que es uno de los responsables del sabor típico del yogurt. Las bacterias “acidófilas” (como Lactobacillus bulgaricus y Streptococcus thermophilus) se encargan de realizar estos cambios.

En nuestra sangre siempre tenemos pequeñas cantidades de ácido láctico, que se encuentra generalmente como lactato (su forma ionizada) en las células musculares, glóbulos rojos, hígado, etc. Provienen de la descomposición de la glucosa en ausencia de oxígeno; es decir, durante los ejercicios anaeróbicos, en los que hay mucha intensidad y poca duración (como levantar pesas o correr a gran velocidad). Al iniciar la actividad física, cada molécula de glucosa es convertida en dos moléculas de ácido pirúvico o piruvato (moléculas similares al ác. láctico), el que puede usarse para producir energía o (en escasez de oxígeno) ser convertido en ác. láctico o lactato, los que también pueden quemarse produciendo energía. Si el ejercicio continúa y el lactato no es metabolizado ni removido hacia otra zona, las fibras musculares se acidifican y se produce fatiga muscular y calambres. Los atletas bien entrenados pueden hacer grandes esfuerzos y por largo tiempo porque, con el entrenamiento, sus músculos han “aprendido” a transportar rápidamente el ác. láctico o lactato y evitan su acumulación. Por su importante papel en el desempeño de los deportistas, los entrenadores y fisiólogos controlan frecuentemente el ác. láctico o lactato en los atletas y deportistas.

El ácido láctico puede ser obtenido por vía química o biotecnológica. Más del 90% de su producción mundial se hace por vía biotecnológica, que utiliza bacterias u hongos para fermentar sustratos ricos en carbohidratos. Tiene la ventaja de producir sólo uno de los isómeros, mientras que la vía química produce una mezcla de ambos. El Lactobacillus delbrueckii es el organismo más usado en la producción a gran escala del ácido (+)láctico.
 

Un importante uso del ácido láctico es la fabricación de ác. poliláctico (PLA), un plástico “bio-degradable” de interesantes aplicaciones en la industria y la medicina. Sus enlaces “éster” son comunes en los seres vivos y las enzimas de éstos los hidrolizan y degradan. Los plásticos que solo presentan enlaces carbono-carbono resisten a la acción de hongos y bacterias ambientales, permaneciendo inalterables por cientos de años (no son “bio-degradables”).

BIBLIOGRAFÍA

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nacional Agraria La Molina. PERÚ.

sábado, 31 de agosto de 2013

LA PASTILLA MÁS POPULAR

El hombre siempre ha buscado en la naturaleza el alivio para sus males. Muchos de los medicamentos que utilizamos derivan de las plantas. Así, la Aspirina ha sido preparada a partir del sauce (Salix sp.). Desde antes de Hipócrates (400 a.C.) ya se usaba la corteza del sauce para combatir la fiebre (antipirético) y el dolor (analgésico). Durante la Edad Media y hasta el siglo XVIII la corteza de sauce fue desplazada como analgésico por el opio hasta que, en 1763, el reverendo Edward Stone presentó un informe a la Real Sociedad de Medicina inglesa en el que detalla las propiedades analgésicas y antipiréticas de la corteza del sauce blanco.

En 1828 Johann A. Büchner, profesor de Farmacia de la Universidad de Munich, obtuvo de la corteza de Salix alba unos cristales amarillentos de sabor muy amargo que fue llamado “salicina” y encontró que éste es el responsable de su actividad. Esta sustancia también se encuentra en otras plantas como Spiraea ulmaria que más tarde inspiró el nombre de “Aspirina”. En 1829 el farmacéutico francés H. Leroux aisló la salicina en estado puro.

La salicina es fácilmente descompuesta (hidrolizada) originando glucosa y alcohol salicílico. La oxidación de este alcohol produce ácido salicílico (AS), que es más efectivo que la salicina pero tiene un excesivo sabor amargo y, por ser un ácido, causa irritación en las paredes del estómago. En 1859 el AS es sintetizado por Hermann Kolbe.
 
En 1896 la Compañía Bayer encargó a su joven químico, Felix Hoffmann, preparar una variante del ácido salicílico que no tenga sus efectos secundarios. El 10 de octubre de 1897 Hoffmann informó haber preparado el ácido acetil-salicílico (AAS) mediante una reacción de acetilación, para ello había modificado y perfeccionado el método empleado en 1853 por el químico francés Charles Fréderic Gerhardt.

En 1899 la Bayer registra el AAS con el nombre de “ASPIRINA” en la Oficina Imperial de Patentes de Berlín y empezó a comercializarla en forma de polvo, para posteriormente hacerlo como tableta o comprimido. La primera década del siglo XX fue testigo del éxito de la Aspirina en Europa y en EEUU. En la actualidad está registrada en más de 70 países de todo el mundo y sus propiedades terapéuticas han ido en aumento. Primero se la utilizó como analgésico y antipirético, luego se descubrió que era anti-inflamatoria y se usó para tratar la migraña, para prevenir los riesgos cardiovasculares, para ataques agudos de gota y otras numerosas indicaciones terapéuticas.

Durante la I Guerra Mundial, los empleados de la filial norteamericana de Bayer pasaron a ser posibles enemigos y, además, la patente americana ya había prescrito. Las instalaciones de Bayer en EEUU fueron confiscadas y subastadas y surgieron varios productos conteniendo AAS fabricados por otras compañías y a precios más bajos.

Entre los efectos adversos más frecuentes del AAS están pequeñas molestias en el estómago y en la primera porción del duodeno que son las zonas en las que se alcanza un mayor nivel de acidez. La complicación más grave son las hemorragias digestivas que están relacionadas con su acción irritativa sobre la mucosa gástrica e intestinal. Estos efectos disminuyen cuando, en vez de administrarlo en tabletas se lo hace en otras formas farmacéuticas que limitan su contacto con la mucosa gástrica e intestinal.

En 1971 el farmacólogo británico John Robert Vane demostró que las múltiples aplicaciones médicas del AAS derivan de su capacidad para bloquear la producción de ciertas prostaglandinas, que son derivados de los ácidos grasos y que se encuentran en casi todos los tejidos del organismo. Las prostaglandinas fueron descubiertas por Von Euler en 1930 y se encargan de regular muchas funciones biológicas como la fiebre, la inflamación de los tejidos, la coagulación sanguínea, etc. (Tema 33 de AQV). Ese mismo año (1971) Smith y Willis demostraron que el AAS bloquea de forma irreversible la producción de prostaglandinas en las plaquetas humanas.


El AAS es uno de los primeros fármacos sintetizados por el hombre; además, es el más popular y ha viajado hasta la luna en el botiquín de los astronautas. En 1950 fue incorporado al Libro Guinness de los récords como por ser el medicamento más vendido del planeta. El AAS, el paracetamol, el metamizol y otros forman un grupo de fármacos llamados “Anti-inflamatorios no esteroideos” (AINES), para diferenciarlos de los esteroides o hormonas de la corteza suprarrenal que también tienen efecto anti-inflamatorio.

BIBLIOGRAFÍA

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nac. Agraria La Molina. PERÚ.

jueves, 15 de agosto de 2013

LA DOCENA 'SUCIA'

Se conocen como “Polulantes o Contaminantes orgánicos persistentes” (POP’s o COP’s) a un grupo de compuestos orgánicos de gran toxicidad, insolubles en agua, muy solubles en grasas, poco volátiles, muy estables a las condiciones atmosféricas y generalmente con átomos de cloro en su estructura. Por su tendencia a unirse a la materia orgánica, estos compuestos se encuentran en sedimentos y suelos, pueden permanecer en el ambiente por muchos años (“persistentes”) y llegan al hombre a través de sus alimentos. Además, por su volatilidad pueden ser desplazados a zonas muy alejadas, mediante ciclos de evaporación y condensación (“efecto saltamontes”), por lo que se han hallado en lugares donde nunca se han aplicado o generado, como el Ártico.

Por su solubilidad, se acumulan en el tejido adiposo de animales y plantas (“bio-acumulación”). Así, los niveles de dioxinas halladas en el pescado son miles de veces mayores que en el medio en que viven. Entran en la cadena alimenticia generalmente en el mar, cuando el plancton los asimila desde los sedimentos marinos y, como ocurre con la mayoría de contaminantes, su concentración va aumentando conforme se asciende en la escala trófica (plancton→mariscos→peces pequeños→mamíferos→peces mayores) y como el hombre es, usualmente, el último escalón de la cadena, llegan a él en su mayor concentración (“bio-magnificación” o “bio-amplificación”).


El Convenio de Estocolmo (2001) recomendó la erradicación o restricción de los doce POP's más peligrosos ("la docena sucia") por su toxicidad, su persistencia y su bio-acumulación. Dentro de ellos tenemos 8 pesticidas (Aldrín, Endrín, Clordano, Dieldrín, DDT, Heptacloro, Mirex y Toxafeno); 2 compuestos industriales (hexaclorobenceno o HCB y "bifenilos") y 2 residuos industriales indeseados ("dioxinas" y "furanos"). Aunque se habla de "docena" en realidad son muchos más ya que los "bifenilos", "dioxinas" y "furanos" son grupos de decenas o cientos de compuestos. En el 2007 se amplió a 17 el número de sustancias tóxicas a eliminar o restringir.


Los “bifenilos” son derivados policlorados (209 posibles) del bifenilo o PCB’s (del inglés: polychlorinated biphenyls), los que se diferencian en el número y ubicación de los átomos de cloro unidos a los anillos bencénicos. De ellos, 12 tienen propiedades toxicológicas similares a las dioxinas. Por su gran estabilidad térmica, elevada constante dieléctrica y no ser inflamables, se han usado principalmente como aislantes e intercambiadores de calor en equipos eléctricos (transformadores, interruptores, condensadores y termostatos). Se encuentran en el ambiente por vertido de desechos contaminados a ríos y aguas marinas. Su fabricación se ha prohibido desde 1977 en EEUU y actualmente en casi todo el mundo.

Las “dioxinas” son derivados policlorados (75 posibles) de la dibenzo-dioxina (PCDD’s), que difieren en el número y ubicación de los cloros. De ellos, sólo 7 son muy tóxicos, siendo el 2,3,7,8-tetracloro-dibenzo-dioxina (2,3,7,8-TCDD o “dioxina”) el más representativo y considerado el compuesto más tóxico fabricado por el hombre. En el 2002 fue clasificada como cancerígeno para el hombre por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Agencia para el estudio del Cáncer (IARC) y la Agencia para la Protección del Ambiente de Estados Unidos (US EPA). Producen cáncer, daños al sistema nervioso, al sistema inmune y desórdenes reproductivos. Aunque las dioxinas pueden tener un origen natural (erupciones volcánicas e incendios forestales), generalmente son sub-productos no deseados de industrias relacionadas con el cloro y procesos térmicos, como la industria del papel, fabricación de herbicidas y plaguicidas, de plásticos (PVC), quema de leña y combustibles fósiles, incineración de plásticos, basura, etc.

Los “furanos” son derivados policlorados (135 posibles) del dibenzo-furano (PCDF’s), de los cuales sólo 10 son muy tóxicos. El término “dioxina” es usado también en forma genérica para denominar al grupo que incluye “dioxinas”, “furanos” y a veces algunos “bifenilos” por su similar toxicidad.

La dioxina o 2,3,7,8-TCDD también fue utilizada en la elaboración del “agente naranja”, herbicida utilizado por los Estados Unidos en la guerra de Vietnam (1970) para deforestar la selva, con graves daños para la población, dejando muchos casos de cáncer entre los veteranos de guerra. Con las dioxinas han ocurrido varios accidentes industriales, el más grave se produjo en 1976 en Seveso, norte de Italia, cuando una fábrica de productos químicos liberó gran cantidad de ellas afectando a unas 37000 personas.
 

En 1999, la Unión Europea empezó a preocuparse por la presencia de estos tóxicos en sus alimentos y establecieron niveles máximos de “dioxinas”, “furanos” y PCB’s, en toda la cadena alimentaria, desde la materia prima para alimentos de animales hasta los productos para la alimentación humana.

BIBLIOGRAFÍA

http://www.fondosaludambiental.org/?q=node/251


Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad N. Agraria La Molina. PERÜ. 

miércoles, 31 de julio de 2013

LA LIOFILIZACIÓN ANDINA

La deshidratación o eliminación del agua es una de las principales formas de solucionar un antiguo e importante problema del hombre: la conservación de alimentos y productos biológicos. La gran mayoría de las reacciones químicas relacionadas con la vida y que originan la descomposición de los alimentos se producen en medio acuoso y, reduciendo la cantidad y actividad del agua, se retardan las reacciones, pudiendo llegar a detenerlas totalmente.

El uso del calor para eliminar el agua de un alimento no es adecuado por la gran cantidad de energía calorífica que requiere vaporizar agua y por los efectos que se producen en el alimento: se descomponen algunos compuestos y se vaporizan otros, perdiéndose parte de los nutrientes, sabor y consistencia.

La liofilización es una técnica que permite realizar la deshidratación al vacío y en frío. Se basa en un fenómeno observado en las altas montañas: el hielo se evapora sin pasar por el estado líquido (se sublima). El desecado de un alimento por sublimación del agua que contiene, tiene la virtud de mantener al máximo sus propiedades organolépticas y nutritivas. El producto obtenido se llama "liófilo" (del griego lio: solvente; y philo: amante o afinidad) que significa "que ama las disoluciones", indicando la facilidad con que puede volverse a hidratar y recuperar su estado original.


En 1928 se descubrió la penicilina pero fracasaron todos los intentos por aislarla del medio acuoso en que se encontraba, porque durante el proceso se perdía la actividad antibiótica (ver Tema 15 de AQV). Su aislamiento se logró mediante la liofilización (técnica novedosa en ese entonces) y recién en 1943 pudo ser industrializada y usada en gran escala. Alrededor de 1960, comenzó a liofilizarse una gran variedad de productos, se fabricaron alimentos para montañistas, astronautas, militares y luego productos farmacéuticos.

La liofilización consiste en introducir el producto a tratar en una cámara hermética y hacerle rápidamente el vacío, lo que provoca una disminución de la temperatura y el congelamiento del agua contenida en el material. Luego se calienta suavemente, manteniendo el vacío, para que el hielo “sublime”.

Las sustancias volátiles o termosensibles (que le otorgan el sabor y olor al alimento) no son afectadas por el proceso, ya que se trabaja a temperaturas y presiones reducidas. Lo más importante es que el porcentaje de humedad del producto final es tan bajo que goza de elevada estabilidad microbiológica y no requiere de refrigeración ni aditivos para su conservación. Como se puede extraer más del 95% del agua del material, se logra también una gran economía en el transporte, ya que se puede cargar mayor cantidad de alimentos sin necesidad de refrigeración.

Al finalizar el proceso, el alimento se convierte en una estructura rígida que conserva la forma y el volumen pero su peso es reducido y, por su fragilidad, requiere ser protegido de una inadecuada manipulación. Al rehidratarlo recuperara la textura, aroma, sabor y características originales.

En la actualidad, se liofilizan alimentos (sopas, café, frutas, verduras, carnes), gran variedad de hierbas aromáticas (eneldo, perejil, etc.). También se utiliza para conservar plasma, sueros, hormonas, leche materna y productos farmacéuticos (antibióticos, vacunas, enzimas, vitaminas, antídotos, etc.). Su única desventaja es que es un proceso caro, por la costosa maquinaria y la mano de obra utilizadas. También se está usando en gastronomía para lograr productos de una apariencia, textura y sabores nunca antes logrados.


Se considera que la liofilización tiene sus orígenes en las zonas andinas del Imperio Inca (a más de 4000 m.s.n.m.), donde las noches son muy frías y el aire es muy seco y enrarecido (la presión atmosférica es baja, lo que equivale a un poco de vacío). Los pobladores de esas zonas elaboran un producto llamado "chuño" que es la papa deshidratada. Las papas, de preferencia pequeñas, son dejadas a la intemperie para que se congelen por las bajas temperaturas de la noche. Al día siguiente, el sol y el viento seco producen la sublimación del agua y al aplastar las papas se extrae más agua. Este proceso de congelación-descongelación-aplastamiento se repite hasta obtener el producto seco.

BIBLIOGRAFÍA
http://www.imchef.org/que-es-la-liofilizacion/

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. U. Nacional Agraria La Molina. PERÚ.

martes, 16 de julio de 2013

LA ENFERMEDAD 'X' DE LOS PAVOS

La contaminación de alimentos más frecuente se debe a la presencia de hongos y bacterias que producen compuestos tóxicos para el hombre y los animales. Las micotoxinas son sustancias producidas por varios centenares de especies de hongos o mohos consideradas de alto riesgo para la salud por su toxicidad y su resistencia al calor (termoestables). Las principales micotoxinas son producidas por hongos de los géneros Aspergillus, Fusarium y Penicilliun.

Se conocen como "aflatoxinas" a las toxinas producidas por los mohos del género Aspergillus, especialmente por algunas cepas de Aspergillus flavus y por casi todas las de Aspergillus parasiticus. Estos hongos se encuentran en el suelo y las aflatoxinas que producen pueden contaminar los alimentos en el campo de cultivo (antes o después de la cosecha) y durante su transporte y  almacenamiento si no se hacen en condiciones adecuadas.

El término “aflatoxina” fue acuñado en Inglaterra en 1960 cuando unos 100 mil polluelos de pavos murieron a causa de una enfermedad desconocida que se denominó “Enfermedad ‘X’ de los pavos”, que también ataca a patos y faisanes. La investigación reveló que la torta de maní, procedente de Brasil y usada en su alimentación, tenía aflatoxinas de Aspergillus flavus.



El crecimiento y desarrollo de hongos se favorecen cuando la temperatura y actividad de agua son elevados. El rango de temperaturas que favorece la producción de aflatoxinas es de 11ºC a 35ºC. El óptimo es 22ºC y 80-90% de humedad relativa. Los daños físicos (golpes), los ataques de insectos y roedores facilitan la invasión de los hongos en los productos almacenados.

Se han identificado más de 20 aflatoxinas, pero las principales son cuatro: aflatoxina B1 (AFB1), aflatoxina B2 (AFB2), aflatoxina G1 (AFG1) y aflatoxina G2 (AFG2). Las letras B y G indican su fluorescencia azul (“blue”) o verde amarillenta (“green”) cuando al son expuestas a la luz ultravioleta (de 365 nm de longitud de onda). También son de gran importancia los productos de su metabolismo: la aflatoxina M1 (AFM1) producida cuando se metaboliza AFB1 y luego se elimina en la leche de las hembras de mamíferos que han ingerido pienso contaminado con AFB1 (la M es de “milk”) y la aflatoxina M2 (AFM2) producto del metabolismo de AFB2. Por ello, AFM1 y AFM2 aparecen en la leche, la orina y las heces. Las aflatoxinas tienen estructuras similares y forman un grupo de compuestos naturales heterocíclicos y altamente oxigenados.

Las aflatoxinas son potentes tóxicos, producen daño hepático y renal, cáncer, malformaciones congénitas (teratogénesis) y otros daños. La AFB1 es la más tóxica y, desde 1988, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la clasifica como “carcinógeno” y la AFM1 como “posiblemente cancerígena” para el hombre, siendo los niños el grupo más vulnerable. La leche materna puede contener AFM1 y el bebé sufrir intoxicaciones. La Agencia Internacional para la Investigación en Cáncer (IARC) clasificó a las aflatoxinas en el GRUPO 1 como “sustancias (o mezclas) con alto poder cancerígeno en humanos”.

Las aflotoxinas resisten la molienda, lavado y procesamiento de los alimentos y, al ser termoestables, no las afecta el calor. Solamente el tostado de los frutos secos destruye una pequeña parte de ellas. Son responsables de muchas intoxicaciones humanas masivas y, combinadas con otros factores, de la elevada tasa de cáncer hepático observado en algunas zonas del mundo.

Aunque pueden encontrarse en muchos productos agrícolas, los mayores casos de contaminación se han producido en semillas de algodón y maíz, en cacahuetes (maní), nueces, avellanas y otros frutos secos, también en leche y sus derivados y en especias. Las condiciones climáticas de las zonas tropicales favorecen la formación de aflatoxinas, pero también pueden producirse en zonas más templadas. El maíz es probablemente el producto de mayor preocupación mundial, ya que crece en climas favorables al desarrollo de hongos. Los piensos a base de maíz y semilla de algodón, usados en raciones de vacas lecheras, pueden dar leche y productos contaminados con AFM1.


Es recomendable adquirir los alimentos de fuentes responsables, conocidas y que se pueda comprobar su frescura y adecuada manipulación. Además, la preparación y conservación de los alimentos deben hacerse con buenas prácticas de higiene y manipulación para evitar su contaminación ya que, una vez que se desarrolla el hongo, sus toxinas no serán destruidas por la cocción ni la refrigeración. No se recomienda guardar granos y frutos secos durante largos períodos y se deben almacenar en ambientes secos y fríos (el freezer).

BIBLIOGRAFÍA
www.minsal.gob.cl/portal/.../72fd6274dad8792ee04001011f0109e4.pdf‎

Q.F. JUAN JOSÉ LEÓN CAM <jjleon@lamolina.edu.pe>
Departamento de Química. Universidad Nac. Agraria La Molina. PERÚ.

domingo, 30 de junio de 2013

EL BISFENOL-A

Desde hace muchos años, el bisfenol A o 2,2-bis-(4-hidroxifenil)propano o BPA (por sus sigla del inglés), es un componente básico en la fabricación de uno de los plásticos más utilizados en la actualidad: el policarbonato, un plástico claro, muy ligero, duro y resistente al calor y la electricidad. 

El BPA también se emplea como aditivo para endurecer y estabilizar muchos plásticos (resinas epoxi, alquilfenoles, poliéster-estirenos y otros), que son usados habitualmente en la fabricación de envases para alimentos, biberones, envases retornables de jugos (zumos), bebidas gasificadas, leche y agua, en los recubrimientos interiores de latas e incluso contenedores para microondas y utensilios de cocina, porque evita la proliferación de bacterias y la oxidación de las latas.

Existen numerosos estudios que asocian al BPA con anormalidades genéticas o cromosómicas. En experimentos realizados con ratones, se ha demostrado que bastan concentraciones muy pequeñas (prácticamente indetectables en análisis convencionales) durante 5 a 7 días para que los embriones de ratones de laboratorio presenten una anormalidad poco común llamada aneuploidía. En esencia, un error en el mecanismo natural de división celular que se traduce en alteraciones cromosómicas asociadas a anormalidades en el feto o a enfermedades como el Síndrome de Down o varias formas de cáncer.


Los efectos del BPA en embriones de ratones de laboratorio fueron descubiertos de una manera casual por Patricia Hunt (Universidad Case Western Reserve, USA) cuando observó, en sus ratones de laboratorio, un inusual incremento del número de anormalidades cromosómicas sin una causa aparente que las provocara. Al revisar el procedimiento empleado, encontró como única explicación posible de esta anormalidad, el uso inapropiado de un fuerte detergente para limpiar los contenedores de plástico donde tomaban agua los ratones. Descartado el propio detergente, ella y su colega Terry Hassold, llegaron a la conclusión que debía tratarse del material (policarbonatos plásticos) con que se había elaborado el recipiente.

Tras diversos estudios, Hunt y Hassold concluyeron que el detergente había provocado la migración de pequeñas cantidades de BPA y que la exposición a bajísimas dosis y durante pocos días era suficiente para provocar un aumento de casos de aneuploidía. Dicho de otro modo, que pequeñísimas cantidades de BPA habían pasado del plástico al agua de bebida de los ratones y ello había alterado el desarrollo de sus embriones. A pesar de haber constatado la evidente relación causa-efecto, Hunt se muestra cauta en sus conclusiones. Hunt y Hassold continúan actualmente sus investigaciones en la Washington State University.

Los productos que se comercializan para ser usados por niños no siempre son seguros, especialmente para los más pequeños, sobre todo en la etapa crítica de desarrollo. El BPA es uno de los químicos tóxicos que se encuentra en algunos productos, incluyendo varias marcas conocidas de biberones. Los científicos han relacionado muy pequeñas dosis de exposición a BPA con cáncer, afecciones en las funciones inmunológicas, pubertad precoz, obesidad, diabetes, hiperactividad y otros problemas. Estudios recientes realizados con animales demostraron que aún la exposición a BPA en pequeñas dosis puede tener impactos negativos en la salud.
 

 La preocupación con respecto al uso de BPA en productos para el consumidor, se incrementó con los informes del gobierno norteamericano cuestionando la seguridad del BPA y algunos comerciantes retiraron productos hechos con BPA de sus estantes. Hay discrepancia entre los defensores de la salud pública y la industria del plástico con respecto a la toxicidad del BPA. La fuente principal de la exposición es la ingestión de alimentos. Se ha descubierto que el BPA migra de las botellas,  del revestimiento de las latas y otros envases especialmente cuando éstos son lavados y calentados.

Dentro de los consejos prácticos para reducir la exposición al BPA se tienen: evitar el uso de botellas de agua y biberones de policarbonatos (usar los que no contienen BPA o los de vidrio); evitar calentar comida en envases de plástico (prefiera platos de vidrio o cerámica); evitar el uso de detergentes alcalinos fuertes que aumentan la migración del BPA y reducir el consumo de alimentos o bebidas enlatadas.

BIBLIOGRAFÍA

Loayza, Jorge. Boletín Electrónico Informativo Sobre Productos y Residuos Químicos.- Año 9 Nº 73, Mayo, 2013.
MSc. JORGE E. LOAYZA PÉREZ <jeloayzap@yahoo.es>
Dpto. de Procesos. Fac. de Química e I.Q. Univ. Nacional Mayor de San Marcos. PERÚ